Mujer en la ventana (español)

Soñadora (incluso despierta), optimista, esperanzada siempre... y a pesar de todo.


11th April 2020


Enfermedad, crisis económica, miedo, caos... Las palabras que nos rodean no invitan al optimismo, pero no puedo (ni quiero) perderlo. Comencé el año sola, en una habitación de hospital, con problemas respiratorios (todavía no sabíamos de la existencia del COVID-19), y esa sensación de ahogo y la lejanía de mi familia me hicieron recordar la importancia de las cosas simples como respirar y charlar con tus seres queridos. El día 7 de febrero me daban el alta y lo primero que hice fue ir a dar mi primera clase del cuatrimestre en la Universidad. Mis primeras palabras para mis nuevos alumnos fueron "no os podéis imaginar las ganas que tenía de conoceros"... el dolor quedaba atrás y afrontaba el "comienzo de mi año" con esperanza e inmensa alegría. Y todo iba muy bien, hasta que un mes después todo se volvió a parar... aquel eco lejano de la palabra "coronavirus" estaba más cerca de lo que pensamos que llegara a estar cuando los televisores nos contaban de sus estragos en China y sus países vecinos. Y de pronto volví a esa sensación de que debía poner en orden mis prioridades, otra vez la incertidumbre, la enfermedad,... pero esta vez algo había cambiado, ahora no venía de mi interior, ahora venía de fuera. Mis pensamientos y sentimientos de hacía apenas un mes, y que podría haber perdido al volver a la rutina, volvían ahora de forma comunitaria, ahora mucha gente compartía conmigo esa sensación de que tenemos que valorar más las cosas de todos los días, que siempre damos por seguras. Lo malo es que la situación es extraña, es una montaña rusa de sentimientos. Por un lado la empatía me lleva a sufrir y llorar cada vez que pienso en los enfermos, con esa sensación angustiosa que provoca la falta de oxígeno, y sin el calor de la familia. Por otro lado, la rabia... porque tras la unión inicial, ahora mucha gente sólo tiene palabras de odio, extienden bulos, y por alguna razón, que no logro entender (pueden hacerlo los políticos y retratarse, pero ¿los ciudadanos?), hacen campaña a sus políticos preferidos con estos muertos, con los enfermos, sus familias y con el dolor de millones de personas. Algunas personas van más allá y culpan, sí, culpan, a determinadas personas y colectivos... no voy a repetir aquí algunos comentarios terribles dedicados al pueblo chino (pueblo que sufrió y se ha volcado posteriormente en ayudar a los países que hemos ido sufriendo el azote de este enemigo invisible). Podemos, cuando todo esto acabe, determinar quién pudo tomar mejores o peores decisiones... pero... ¿de verdad alguien cree que ésto es un plan de alguien en concreto? me niego a pensar que exista tanta maldad en los corazones de la gente, aunque es cierto que algunos políticos anteponen la salud de las Economías a la de los ciudadanos, pero esto merece muchas más palabras en otro momento (y que conste que he estudiado y trabajo en el mundo de las finanzas y la economía, sé la importancia que tendrá en un futuro lo que ahora está pasando... ) Pero el más poderoso de los sentimientos es la emoción, el encuentro cada noche en los balcones con los vecinos, el aplauso a los sanitarios que tanto hacen por nosotros junto a policía, ejército, transportistas, gente de los comercios, limpiadores,... y todos los que siguen "fuera" para que otros muchos podamos estar "dentro". A veces siento ganas de llorar de la emoción. A veces siento preocupación por esos vecinos tan cercanos físicamente y que hasta hace un mes estaban tan lejos de mi vida. A veces siento que de esto saldrá algo grande. A veces creo que esto es el principio del resto de nuestras vidas. A veces... bueno... son tantos momentos, que no sería justo... Muchas veces estoy segura de que esto nos hará mucho mejores como sociedad. A mí me cambió individualmente hace unos meses (que ahora me parecen una eternidad) y lo que ahora estamos viviendo en conjunto es mucho más fuerte. Ya cuando estuve en el hospital no dejé de hablar del maravilloso trato del personal sanitario, en condiciones normales, ahora con este gran esfuerzo que están haciendo... no tengo palabras para expresar mi profunda admiración, que además comparte tanta gente. Por los mayores, los niños, los asustados, los enfermos, los sanitarios, los valientes, por mis vecinos, por mis alumnos, por mi familia y amigos... por TODOS Y TODAS LOS HABITANTES DE ESTE PLANETA... mi esperanza y mi optimismo siguen en pie con más fuerza que nunca, pero con una gran espina por todos aquellos que nos han dejado en el camino.