Maite (español)


7th April 2020

Estar en casa sin salir al menos durante mes y medio, seguramente más...¿Qué se siente? Podríamos decir que muchas cosas, a veces contradictorias, dependiendo del día y del momento. Ahora mismo llevo, llevamos todos, tres semanas de confinamiento. Hoy es 7 de abril.

Para mi ha habido varias etapas:

Lo primero es un cambio en la velocidad, todo se ralentiza y de pronto parece que el día tuviera más de 24 horas. Los primeros días tenemos tiempo de sobra, casi se agradece, aunque ahora demos las clases virtualmente y no en el aula, pero al cabo de unos pocos días ese tiempo nos pesa; no podemos salir a dar un paseo tranquilamente, a andar, a ver exposiciones, al cine, a quedar con la gente,. ¡No podemos salir!

Sí, todo eso se puede hacer virtualmente, como las clases, pero no es lo mismo, no es ni de lejos lo mismo.

Luego viene la imperiosa necesidad de llenar el tiempo, llenarlo para no pensar, para movernos. Y nos ponemos a hacer algo de gimnasia, con los videos de una de mis hijas, la segunda, que entre la Biología y el Circo, eligió lo último, lo que siempre le había gustado, y a andar por el pasillo, a ordenar los libros, a limpiar armarios, lavar cortinas y edredones, hacer los arreglillos que siempre íbamos dejando para más tarde, para cuando hubiera tiempo y ganas.

Leemos, aunque más que leer lo que queremos es salir, y vemos la tele, aunque no queremos estar viendo la larga letanía de los infectados, de los muertos, de la enorme crisis económica que se nos viene encima.

Cocinamos croquetas y empanadillas, paella y pollo guisado lentamente, comidas que nos gustan, pero que llevan un poco más de tiempo que las que hacemos normalmente.

Procuramos, sí, tener la cabeza ocupada: Estamos con el móvil mucho más que antes, leemos los wasap y entramos en facebook cada poco, llamamos a la familia y a la gente que queremos, pero no las vemos, a no ser por videollamada, pero no es lo mismo, no tiene nada que ver.

No las vemos y nos damos cuenta de lo mucho que las añoramos y las echamos de menos, de los planes que habíamos hecho para estar con ellas: Ver a las tres hijas que están lejos, celebrar el primer cumpleaños de tu primera nieta, hacer esa excursión que habíamos planeado..Y tienes ganas de llorar.

Pero sientes que no debes dejar que esos sentimientos te colonicen. Piensas que debes seguir adelante, que no te ayudará ponerte triste, que cuando hables con tus hijas las tienes que transmitir alegría y seguridad porque sabes que están en la misma situación, y dos de ellas en países diferentes México e Italia.., y las tres, aunque no lo digan, preocupadas por ti, pensando que puedes enfermar y ellas no están cerca.

Sientes también que no tienes derecho a quejarte, que muchas personas tienen problemas mucho más grandes: Los que echaron del trabajo, los que tuvieron que cerrar su negocio y no saben cómo saldrán de esta, los que están solos sin quererlo, o enfermos, o han perdido a alguien que querían.

Así que por ti y por ellas tienes que mantenerte bien en todos los aspectos y “resistir”, como dice la canción. Entonces te alegras de los aplausos a las 8 por ventanas, balcones y terrazas, de la solidaridad que se siente durante esos minutos, de la energía que te comunica gente a la que ni siquiera conoces:todos nos saludamos con los brazos, unos ponen música, otros la tocan y nos sentimos próximos; son las únicas personas que vemos, excepto las pocas veces, cada 4 o 5 días, que vamos al supermercado a comprar, como si fuera una actividad de riesgo, alejados unos de otros, procurando no coincidir en la misma estantería, esquivándonos.

Y te enfadas al recordar todos los recortes en Sanidad e Investigación que se hicieron y que ahora nos pasan factura, y encima ves que los mismos que lo permitieron ponen ahora el grito en el cielo desde todas las plataformas posibles. ¡Qué poca vergüenza!

Y vas organizando tu día a día ya más tranquila, haciendo lo que más te apetece para sentirte mejor por dentro y por fuera: Moverte un poco, leer lo que te interese, ver series que te enganchen, hablar y ver, en pantalla claro, a las personas que más quieres y no quieres dejar entrar los pensamientos negativos.

Y piensas mucho también en todos los que te acompañaron por la vida y que ya no están. Sabes que viven dentro de ti, que te apoyan y te dan fuerza, como antes, como cuando estaban contigo. No dejarán que te vengas abajo. Así que por todos, los que están y los que no te prometes que aguantarás lo que haga falta y que aguantarás bien.